001 Sobre el enemigo consentido
El país del ahorita
El «ahorita» es la palabra más peligrosa del español mexicano precisamente porque es la más cariñosa. No dice «no». No dice «nunca». Dice algo mucho más elegante: «sí, pero en un tiempo que no existe». El ahorita es un cheque contra un banco que cerró.
Y lo queremos. Claro que lo queremos: el ahorita nos salva de la incomodidad de decidir. Es anestesia de uso doméstico. El problema es que la anestesia no cancela la operación — nada más la pospone. Y las operaciones pospuestas se hacen después sin anestesia y con intereses.
Haz la cuenta que nadie quiere hacer: ¿cuántos años llevas cargando pendientes de tres minutos? La llamada que son diez marcados de teléfono. El papel que era una firma. La disculpa que eran dos frases. El ahorita cobra renta mensual por cosas que costaban una moneda al contado.
La doctrina no te pide heroísmo. Te pide una jugada humilde y demoledora: una cosa que era «para ahorita», hecha hoy. Una diaria. Eso es todo. El ahorita es un usurero y los usureros solo entienden un idioma: que les pagues completo y les cierres la puerta.
«El ahorita es deuda: todo lo que pospones te espera en la esquina, más caro.»⚡ Compartir este sermón